GRITOS DE PLENILUNIO. Capítulo 1

hadasLa luz de la luna llena se reflejaba en la espuma de la cascada al caer en el lago, y los árboles del bosque se mecían dulcemente con la brisa estival. Ambos elementos, agua y aire, tocaban la música del verano, evocando en aquellos que la escuchaban sensación de placer y descanso. Sin embargo, algunas criaturas de El Bosque Iluminado no eran capaces de sentir felicidad y tranquilidad en noches como esta.

Detrás de la gran roca, junto al lago, debajo del abeto más alto y viejo del bosque, se encuentra Aésidhe, el primer pueblo de las hadas del sur. Sin ellas, los árboles dejarían de crecer y lo animales desaparecerían. Con su Luz, las noches de luna nueva, iluminan cada rincón del bosque y cuidan a las criaturas que necesitan de ellas.

Sin embargo, esta noche, cada pequeña casa de Aésidhe tiene cerradas sus puertas y ventanas a cal y canto. Ningún hada socorrerá a un ciervo herido o a una flor que se seca. La luz de la luna ilumina el bosque, pero es una noche callada. Ni un ser vivo recorre sus caminos sinuosos, todos se esconden en sus nidos, madrigueras o cuevas. Las noches de verano con luna llena, sólo la Banshee se atreve a vagar por ellos, porque de ella se ocultan. Tres noches de plenilunio en la estación estival, el ser al que todos temen, busca el alimento que le mantendrá con vida hasta el próximo verano.

En Aésidhe, dentro de la pequeña casa verde con techos dorados, Shea está sentada en el suelo, con la espalda contra la pared y abrazando sus piernas. No para de temblar. A veces irradia Luz sin pretenderlo. Son las únicas noches del año en las que la tristeza la invade por completo. Aún recuerda el nacimiento de sus hermanas, aunque han pasado más de 150 años. Suzette y Rhoswen, ávidas de curiosidad desde el día en que salieron de sus flores. En pocos días aprendieron a controlar el vuelo y a emanar Luz a voluntad. Shea se sentía orgullosa de ellas. Dignas hijas de los Lirios. Pero, casi siempre, la curiosidad enseña cuando ya es demasiado tarde.

Ningún hada, en Aésidhe ha visto a la Banshee. Nadie que lo haya podido contar, claro. En el Grimorio, El Libro Sagrado de las hadas, narra la historia de Anjana, hada del bosque del norte. Cuenta que ha sido la única en poder ver a la Banshee y vivir para contarlo. Pero el Grimorio sólo puede ser leído y cuidado por las Hadas Mayores, con más de mil años; por lo que, al ser una hazaña que ocurrió hace más de seiscientos años, ahora es una historia que se transmite de hermana a hermana, con mil y un detalles diferentes, dependiendo del arte narrativo de quien lo cuenta: que si su aspecto es de una anciana horrible llena de arrugas, que si es una bella mujer de cabellos dorados y largo vestido blanco… El único elemento que permanece intacto en la historia es que, la Banshee, fue antaño un hada, engañada y ultrajada por el mago Abred. El Grimorio narra que Eolande, pues ese era su nombre de hada, pidió al mago Abred poder conocer lugares más allá de los túmulos, sin miedo a ser descubierta por humanos. Quería hacer el bien también fuera de El Bosque Iluminado, pues pensaba que era muy triste no poder ayudar a las criaturas que vivían fuera de él. El mago Abred cumplió su deseo pero, a cambio, para poder mantener el conjuro vivo por toda la eternidad, Eolande debía alimentarse de hadas, al menos, una de las tres noches de plenilunio de verano, si no, no sólo perdería el poder de morar en cualquier lugar, sino que, finalmente, desaparecería. Cuando Eolande descubrió el alto precio de su inocente capricho, fue demasiado tarde. Año tras año, siglo tras siglo, se ve obligada a alimentarse de alguna de las que, una vez, fueron sus hermanas. Y siente un dolor tan agudo cuando tiene que llevar a cabo tal acto de supervivencia que lanza un grito ensordecedor, audible incluso a miles de kilómetros de distancia. Ese grito va dirigido a un humano, descendiente del mago Abred, para advertirle que, igual que ella, perderá un ser querido esa noche de luna llena.

Shea sabe que ninguna puerta o ventana la salvará si su casa es elegida por la Banshee. A veces, la que antaño fue un hada, arranca techos, paredes o puertas, y alguna hermana pierde su Luz y, con ella, su vida. Otras, simplemente se va o no aparece por El Bosque Iluminado. Ningún habitante de Aésidhe sabe qué ocurrirá, ni las más ancianas del pueblo, ya que el azar dicta los pasos del ser más temido por su especie.

– Las dos de la madrugada -pensó Shea mirando el viejo reloj que descansaba sobre la chimenea.

Había estado sentada en la misma posición desde que la luna llena arrojó luz sobre las copas de los árboles. Se separó de la pared, muy suavemente, intentando ser lo más silenciosa posible. Estiró las piernas y desplegó las alas con sumo cuidado, para no hacerlas sonar. Sabía que esa, como todas las noches de plenilunio estival, no podría dormir, por lo que era inútil que se acostara en su pétalo. Prefería quedarse sentada y esperar. A veces no se escuchaba nada en toda la noche, y otras, un grito aterrador seguía al estruendo de una casa destrozada. Y después… calma. Sólo el amanecer regado por los llantos a la hermana muerta.

Las cuatro de la madrugada… silencio. Las cinco de la madrugada… nada. Las seis… Las siete…

– ¡El amanecer! -exclamó Shea- ¡Hemos sobrevivido a la primera Noche De La Banshee! -gritó una y otra vez abriendo la puerta y corriendo por las calles de Aésidhe.

Como ella, otras hadas corrían por las calles para asegurarse de la supervivencia de sus hermanas. Todas desprendían su Luz inconfundible para que otra hermana supiera que estaba viva. En ese momento, Shea vio a Tianna e hizo sonar sus alas para que la encontrase entre la multitud. Tianna corrió hacia ella con la cara llena de lágrimas. Había pasado toda la noche llorando y temblando de pavor y, en la alegría del reencuentro, las lágrimas seguían brotando sin parar.

Se cogieron de las manos y compartieron su Luz como símbolo de alegría y respeto. Eran las últimas hijas de los Lirios que habían sobrevivido a la Banshee. Y las últimas de su estirpe, ya que no han vuelto a nacer hadas entre las dulces flores blancas desde la muerte de Suzette y Roswhen.

– Cálmate –dijo Shea- ahora es el momento. Más tarde, volverá a estar vigilado.

– De acuerdo -respondió Tianna. Y con la mano intentó enjugarse las lágrimas a la vez que buscaba serenarse.

Corrieron hasta la esquina que desembocaba en la Avenida de las Mayores y, cuando nadie las veía, volaron hasta el Templo.

– Sé que debemos hacerlo, pero si nos ven nos desterrarán -dijo Tianna sin dejar de mirar la puerta de cristal templado.

– Debemos correr el riesgo. El destierro o la muerte.

Shea abrió la puerta rápidamente y entraron en la estancia. Un hermoso lugar con vidrieras de colores y columnas de cristal. En apariencia frágil para albergar un tesoro tan apreciado. En el fondo, un atril de alabastro negro adornado con flores frescas. Sobre el atril, el Grimorio.

– Él nos dirá qué debemos hacer -y Shea avanzó hacia El Libro, seguida de Tianna que no paraba de mirar hacia la puerta del Templo.

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6 responses to “GRITOS DE PLENILUNIO. Capítulo 1

  • Lucia

    Muy interesante, una historia intrigante. A la espera de que se publique el segundo capitulo… 🙂

    • Berquendel

      Muchas gracias, Lucía. El próximo jueves publicaré el segundo capítulo y espero que siga provocando ese estado de intriga. Gracias, de nuevo, por dejar tu comentario.

  • Nae

    Me encanta!! de verdad, simplemente me encanta!
    Todas las historias me han enganchado súper rápido por tu forma de describir cada lugar, cada indicio del origen de los personajes…
    Y con este relato…ya estoy expectante por leer el segundo capítulo!!
    🙂

    • Berquendel

      Gracias, Nae!! Me alegra muchísimo que te hayan gustado mis historias. Aún soy una principiante, pero intento mimar cada detalle. El próximo jueves tendrás el segundo capítulo, prometido!! 😀

  • Lux

    Ya sólo queda un día…! 🙂

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