GRITOS DE PLENILUNIO. Capítulo 2

NocheHipnótico. Es la primera palabra que Shea pensó cuando tuvo el Grimorio frente a ella. Cuentan las Mayores que está hecho con una de las ramas del abeto que cobija a Aésidhe, por manos de elfos de Älvor, pueblo del sureste, situado más allá del Río Dubh. A cambio, los elfos exigieron ser pagados con Lasair, una esfera en llamas capaz de curar enfermedades que, de otra forma, llevarían a la muerte. Un elfo jamás hará nada sin pedir algo a cambio. Son pequeñas criaturas recelosas y egoístas, viles si creen sentirse engañadas.

– Ábrelo -dijo Tannia en un susurro intermitente a causa de su temblor constante, sin dejar de vigilar la puerta.

Shea acarició la cubierta vidriada y tallada con el conjunto de letras que lo denominaban. Los rayos de luz que atravesaban los vitrales jugaban con él, devolviendo un arco iris en movimiento que atrapaba los sentidos del que lo contemplaba.

– ¡Vamos! -exclamó Tannia a la vez que propinaba un brusco zarandeo al hada.

Shea salió de su estado de trance y, rápidamente, lo abrió. Recordaba las palabras de sus hermanas mayores cuando le contaban que, el silfo de la Cueva Síoraí ubicada junto a los túmulos, depositó todos sus pensamientos y sabiduría en él. Shea empezó a pasar cada página, excitada por ser la primera, menor de 1000 años, en tocar El Libro Sagrado y prohibido.

– ¿Encuentras algo que pueda servirnos? -con pequeños pasos, Tannia se colocó junto a su hermana, reposó sus manos temblororas en el suave atril de alabastro y comenzó a escudriñar cada página.

– ¡Aquí! -señaló Shea mientras leía las palabras escritas muchos siglos atrás-. “…y Anjana, hada del pequeño pueblo Thuaidh, en el bosque del norte, expone en el Concilio Sumo, regentado por Konger, lo que aconteció frente a ella la tercera noche de plenilunio estival, en el Año Décimo de la Era Dearg: refugiada, durante la Noche de la Banshee, en la casa del hada Elva, sintió un temblor que provocó la caída de toda clase de objetos por doquier. A los pocos segundos, la sacudida cesó, y en la pared se dibujó una línea de luz que zigzagueaba desde el suelo hasta el techo, desprendiendo cada vez más calor y fulgor. Pasado un instante, la pared estalló en un enorme estruendo y, frente a la casa, observaron a un hermoso ser iluminado con apariencia de mujer. Sus cabellos dorados brillaban con centelleos de todos los colores del arco iris y su mirada, con lágrimas que no dejaban de derramarse, reflejaban tanta tristeza que sumía en los mismos sentimientos a quien estuviese frente a ella. Al instante, su rostro quedó oscuro, como una mancha de tinta coronada por rayos de oro. Sus ojos, su nariz… toda su faz desapareció. Y, como si de una boca se tratara, una pequeña abertura emergió en medio de esa sombra negra. Luego, las enormes manos del extraño ser aferraron el minúsculo cuerpo de Elva, dirigiéndolo hacia aquél agujero acomodado en medio de la oscuridad pavorosa. Y, mientras el hada era absorbida, un alarido indescriptible ensordeció a Anjana, haciendo que se desvaneciera hasta que fue encontrada por sus hermanas al alba.”

– Pero… no explica nada. Sólo narra lo que ya sabíamos, que somos su sustento, que necesita alimentarse de nosotras.

– Espera, escucha esto: “Anjana asegura que nunca fue el objetivo de la Banshee. Desde el primer momento, los ojos del ser miraban fijamente a Elva, por lo que cree tener la certeza de que la buscaba desde que se adentró en Thuaidh. El Concilio Sumo está obligado a recoger en el Grimorio toda la información acontecida durante las noches de plenilunio estival, sin embargo, el resto de hadas, elfos, silfos, duendes y magos presentes no están de acuerdo con la opinión de Anjana, ya que consideran los actos de la Banshee guiados por el azar. Aún así, persevera, avalando su opinión en la desaparición constante de la estirpe de las Orquídeas y en sobrevivir al ataque, habiendo estado junto a un hada perteneciente a ese linaje. Por último, añade que ningún hada de la estirpe de las Gardenias, al que ella pertenece, ha sido jamás su alimento.”

– Si lo que pensaba Anjana es cierto, la Banshee no se alimenta de las hadas, sino de estirpes de hadas… como la nuestra…

– Y teniendo en cuenta que nosotras somos las últimas de la estirpe de los Lirios -puntualizó Shea mientras cerraba el Grimorio con sumo cuidado-, significa que una de nosotras seremos la siguiente.

– Pero, si esto puede ser cierto, ¿por qué las Mayores no nos protegen? ¿Por qué permiten que cada noche de plenilunio una de nosotras pueda correr la misma suerte que Rhoswen o Suzette? ¿Por qué nos hacen creer que cualquiera puede sustentarla?

– Yo me hago las mismas preguntas y, si la respuestas son las que pienso, no…

Antes de que Shea terminase de hablar, la puerta del Templo se abrió y, paralizada, con los pies clavados en el sello que conmemora a las primeras Hadas Mayores situado frente a la entrada, Breena, hada con más de 1000 años, reflejaba horror y desaprobación mientras observaba con fijeza a las dos hadas.

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