GRITOS DE PLENILUNIO. Capítulo 5

The Princess out of SchoolShea y Tannia la observaban con atención. Tan bella, tan fría y tan letal. La Muerte Acerba es un poder ancestral que sólo pueden conjurar las hadas nobles. Se necesita experiencia para controlarlo pero, sobre todo, odio. ¿Cuánto odio y sed de venganza puede albergar debajo de esa apariencia helada?

– Después de la ejecución, los Cinco se reunieron conmigo para intentar buscar una solución a las muertes que la Banshee dejaba a su paso -y la nombró sin mostrar dolor alguno, como si se tratara de un ser totalmente ajeno-. Antes de esa reunión, engullía a cualquiera que, por azar, se tropezase con ella en la espesura de los bosques, bajo la luz de la luna llena estival.

– Con eso quiere decir que, si Abred había muerto, en esa reunión y bajo vuestra responsabilidad, sois los causantes de que comenzara a alimentarse de estirpes -a medida que las decía, las palabras salían de la boca de Shea con más furia.

– Como ya os dije, no juzguéis a la ligera. Dejad que os narre toda la historia.

Shea asintió, intentando mantener callado el monstruo furioso que se escondía en su interior y que buscaba gritar de rabia al sentirse utilizada y traicionada por su propia especie.

– No fue una decisión fácil, os lo aseguro -Maeve se levantó y se dirigió a un rosal. Acarició cada pétalo, como si la flor pudiera sentir aquellas caricias. Olió su perfume, sonriendo satisfecha por sentir aquella exquisita fragancia-. Si hubiésemos permitido que todo siguiera su curso, las hadas nos habríamos extinguido; con nosotros, la naturaleza; y, más tarde, la vida.

– Pero… -se atrevió a interrumpir Tannia- mi señora, con las estirpes, algunos poderes se pierden por completo y, con ellos, la posibilidad de curar ciertas enfermedades o dar vida a una semilla que no pudo germinar. Cada estirpe cumple su función en la naturaleza.

– Lo sabíamos, pero no pudimos o no supimos encontrar una solución mejor.

– Nada de lo que se exprese aquí se reflejará en el Grimorio -informó Konger-. Sólo nosotros conoceremos los detalles de esta reunión y cada miembro hará partícipe, posteriormente, a aquellos que, según su criterio, deban conocer la conclusión hallada.

Todos asintieron. En aquella pequeña sala de mármol blanco, una enorme mesa octogonal de cristal templado, centrada en la estancia, servía de único mobiliario. No había sillas ni adornos, tan sólo aquella mesa enorme rodeada por los miembros de una reunión improvisada y oculta.

– Según lo que nos confesó Abred -tomó la palabra Faylinn- la Banshee no parará hasta acabar con todas las hadas, incluida ella misma al desaparecer cuando ya no quedemos ninguna para alimentarla.

– Existe una solución -y las palabras de Ordaf sonaron como aire, introduciéndose en las mentes de los presentes.

– ¿Cuál? -dijo Elvine mirando fijamente al silfo. La rivalidad entre duendes y silfos era una tradición que se remontaba cientos de siglos en el tiempo. Como integrante del Concilio Sumo, no podía permitirse ciertas actitudes descorteses, sin embargo, se sintió fracasado por no anticiparse a Ordaf en descubrir la posible solución.

– No podemos romper el conjuro -dijo Ordaf sin mirar a sus oyentes ni abrir la boca, como si su pensamiento fluyera entre ellos-, ya que Abred era un mago muy poderoso y depositó parte de su propia esencia para darle forma y consistencia. Sin embargo, sí podemos alterarlo.

– ¿Cómo? -preguntó Maeve-. Si existe alguna forma en la que yo pueda ayudar…

– Todos deberemos ayudar -interrumpió Ordaf-. Faylinn y Maeve, ya que es vuestra especie la que corre peligro, seréis quienes nombren a dos estirpes de cada uno de los cuatro reinos de las hadas. Las hadas que pertenezcan a las estirpes aquí nombradas, serán las que alimenten a la Banshee, que se sentirá irremediablemente atraída por ellas. Cuando todos los miembros que forman esas estirpes mueran, la Banshee morirá, acabándose el peligro que se cierne sobre la existencia de las hadas.

– Pero… ¿cómo conseguiremos cambiar el conjuro? -las manos de Faylinn temblaban, aterrada por tener que tomar aquella decisión.

– Necesitamos la Luz de un hada y parte de su poder. Una de vuestras estirpes alimentará a la Banshee.

– Usad mi Luz y poder -enunció Maeve-. Cualquiera de mis hermanas estaría orgullosa de ayudar en esta horrible situación.

– Creo justo que mi estirpe también forme parte. Haré todo lo que pueda para salvar a mi pueblo de la destrucción.

– Se ha llegado a una conclusión -expuso Konger-. Se usará el poder y la Luz de Maeve, y tanto su estirpe como la de Faylinn alimentarán a la Banshee hasta su muerte -todos asintieron-. Sólo queda que elijáis a seis más.

Hubo un silencio sepulcral. Maeve y Faylinn se miraban, sabiendo que, después de nombrarlas, ya no habría vuelta atrás.

– Lirios, Jazmín, Ambrosía -nombró lentamente Maeve sin dejar de mirar sus puños fuertemente cerrados sobre la mesa de cristal templado.

– Orquídeas, Amber, Alhelí -siguió nombrando Faylinn mientras las lágrimas no dejaban de recorrer sus mejillas.

– Las estirpes han sido nombradas. Prosigue, Ordaf -suavemente, Konger empujó a Maeve hacia el silfo.

Ordaf cogió a Maeve entre sus brazos, siendo ella la única en aquella sala a la que dirigió una mirada dulce. La subió a la mesa y le indicó que se sentara en el medio. El hada se sentó con las rodillas flexionadas hacia un lado, aterrada al no saber qué le iba a ocurrir.

– Cierra los ojos y concéntrate en cada estirpe nombrada -escuchó Maeve dentro de su cabeza, pero esta vez la voz era dulce, tranquilizadora, como la suave brisa de un amanecer de primavera-. Cuando inunden tu pensamiento, irradia tu Luz sin ningún control.

Maeve obedeció sin discusión, sintiéndose acunada por aquella voz. Comenzó a brillar. Al principio con delicadeza, luego con fuerza, dispersando ráfagas cegadoras por toda la sala. Cuando el silfo consideró oportuno, puso su mano en la mesa, rozando con sus dedos el cuerpo del hada. Indicó a todos que hicieran lo mismo.

– Ahora, dejad vuestras mentes en blanco y permitidme entrar y usar vuestro poder.

El silfo cerró los ojos y absorbió la Luz de Maeve, dejándola inconsciente. Un segundo después comenzó a brillar diez veces más, transmitiendo parte de ese fulgor al resto de los integrantes. Tanta fuerza tenía aquella Luz que el dolor se apoderó de todos, obligándolos a gritar y poner los ojos en blanco. Lejos de allí, en el este, muchas criaturas oyeron el alarido de la Banshee mientras su cuerpo se precipitaba inconsciente sobre el lecho del bosque.

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2 responses to “GRITOS DE PLENILUNIO. Capítulo 5

  • Lux

    Por fin se va descubriendo el gran misterio de la Banshee, espeluznante la historia y la decision que tuvieron que tomar sobre que extirpes de hadas debian extinguirse. Genial

    • Berquendel

      ¡Muchas gracias por comentar! Me alegra que te guste como se va desarrollando la historia. Pero aún hay muchos más secretos que desvelar. Sígueme el próximo jueves, me encantará recibir tu comentario del próximo capítulo 😉

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